En esta vida, pocas veces podemos decir que algo es inevitable, pero de lo que sabemos que ocurrirá, en primer lugar siempre será...

La idea de colocar un altar para un recién fallecido inicia del deseo profundo de acompañar la partida con significado y ternura. Un altar se trata de un espacio simbólico donde la familia puede reunir objetos e imágenes que honran la vida valiosa del ser amado que partió físicamente.
Aquí conocerás prácticas, tiempos y cuidados para poder crear un altar respetuoso y reparador, siempre de forma empática, amorosa y cálida.
No. No existe una regla única, ya que las costumbres de poner un altar a un recién fallecido varían por religión, cultura y familia.
En diversas comunidades poner un altar se trata de una práctica consoladora y que es totalmente aceptada; en cambio, en otras, es preferible esperar o llevar a cabo rituales concretos.
Lo fundamental es que siempre se respeten las creencias de la familia y, dentro de contextos institucionales o públicos, verificar las regulaciones locales sobre la velación y el uso de los espacios.
No existe un tiempo estipulado para colocarlos. Algunas familias colocan el altar inmediatamente después de la pérdida, incluso durante la vigilia, como rincón de recuerdo; algunos otros prefieren esperar a organizar un homenaje posterior o a convocar a las personas más cercanas a la familia.
Si la familia quiere privacidad, es muy válido preparar el altar en la casa y abrirlo a las visitas en el momento más oportuno.
Sí, las ofrendas (como cartas, flores, juguetes [en el caso de bebés y niños], mantas, objetos personales, entre otros) son maneras de expresión que no necesitan permisos.
Si la ofrenda se pone en espacios públicos como iglesias o parques, por mencionar algunos ejemplos, conviene coordinar con la entidad responsable.
Si el altar es en casa, las ofrendas apoyan en canalizar el dolor en actos simbólicos que contienen y reúnen a los familiares.

Al diseñar un altar para un recién fallecido, es importante pensar en elementos que transmitan ternura, cuidado y amor:
Mantén el altar del recién fallecido en un lugar que sea accesible, iluminación suave y que no esté sobrecargado: la sencillez es reconfortante.
Sí. No existe prohibición sobre esto. Algunas familias encuentran consuelo al ver la foto del recién fallecido, para compartir recuerdos.
Los momentos más comunes son el día del nacimiento, fecha del fallecimiento, el primer mes, a los 40 días o el primer aniversario.
También puede ser una fecha importante, como el cumpleaños, día de la Madre o el Padre, etc. Lo importante es que la fecha tenga sentido emocional para quienes participan.
Para procurar la sensibilidad y seguridad debes evitar:
Recuerda mantener el altar limpio, ventilado y bajo supervisión.

En el caso de los bebés, los altares son muy delicados. Deben predominar colores suaves, texturas cálidas y pocos objetos que evoquen ternura.
Algunas familias incorporan un libro o notas de recuerdo para que los asistentes escriban algo. Otros prefieren que el altar sea un espacio íntimo, solo para familiares directos.
Los símbolos recurrentes en altares de un recién fallecido son la luz como presencia, el blanco como paz y juguetes o ropita como recordatorio de la existencia tan significativa que tuvo.
Gracias a estos símbolos se transforma el dolor en homenaje y permite que el duelo se exprese en ritos pequeños.
El acompañamiento profesional es muy valioso: la tanatología otorga herramientas para procesar el duelo, el duelo perinatal y la pérdida temprana. Los grupos de apoyo, asesoría individual y sesiones familiares guían en la creación de rituales (como ceremonias y altares) donde se contengan emociones y promuevan la recuperación afectiva.
Buscar ayuda no es signo de debilidad, sino de cuidado.